Una ciudad, una calle, una ventana como tantas otras; una historia se esconde tras ella, tiene nombre de mujer: Ana. Fue su luz, fue su alma; la dejó sola en este frío y áspero mundo. Una existencia dolorosa, una frágil alma, tiene nombre de mujer: Sara.
Hace tiempo que no siente nada. Esa luz que dulcemente la acaricia no llega a abrazarla, está fría, vacía... el amor la convirtió en nada. Ha olvidado cómo vivir porque vivir era ella y ya no está a su lado. No sabe perdonarla. No puede perdonarse. Mira con recelo su viejo escritorio, sus plumas, sus libros y su reflejo en la ventana. Reconoce su alma en una esquina de la sala, en una pequeña foto de gran importancia.
Se siente como una estancia vacía, perdida en el mar de la desesperanza.
Han pasado días, semanas, meses, años... y aún así es incapaz de olvidarla.
La descubrió entre la multitud, la reconoció, supo que era ella su media naranja.
Ha pasado tanto tiempo que sólo queda un lugar donde el tiempo no la alcanza. Aquella cafetería, anónima, sin importancia, pero donde consigue recordarla. La conocen, la saludan, ella no reconoce a nadie, ni siquiera a sí misma, sólo anhela ver su recuerdo de Ana.
Pide como de costumbre té. Tiene la mirada perdida, parece que espera que pase algo, cierra los ojos y la siente a su lado.
Ahí está, puede oler su perfume, de lavanda. Se siente viva, la siente
dentro de ella... con cada inspiración puede gozarla. Escucha su risa, le parece tan
real. Ve el brillo
de sus ojos, ojos que sólo brillaron para ella, hasta que se apagaron
en aquel accidente... Vuelve en sí, la realidad no espera, no puede ignorarla.
Ana se había marchado. Estaba enfadada con ella, le había hecho
tantas promesas... no se hacen si no se pueden cumplir- pensaba. ¿Quién
le habría dicho a Ana que por entretenerse unos minutos más en aquella
librería cruzaría la calle en el momento en el que una
furgoneta perdía el control? Lo que más daño le hizo a Sara fue
encontrar entre las pertenencias de su Ana un libro apenas ya envuelto...
se le había caído de las manos en el momento en el que la abandonaba.
Ese libro era lo único que le quedaba y el culpable de todo- pensaba. Su primera
novela... y su última, había perdido a su musa. La sostiene entre sus manos, pesa tanto... recuerda cuantos momentos
sacrificó por escribirla... y es que Ana siempre estaría a su lado, se lo había
prometido.
Y 7 años después no tiene a su amada, no escribe, respira
pero no vive, no ama... Pocos dirían al pasar bajo su ventana que tras esos cristales se esconde una calma rota, un dolor silencioso que quiebra el alma...
Sara... existencia silenciosa, dolorosa y apagada; que agoniza y no habla, no escribe, no llora, no hace nada. Vive en un espacio donde se paró el tiempo porque su corazón se fue así como lo hizo su Ana.
No hay casas cuyo
felpudo sea el mar. No entras en la casa directamente desde el mar. Tienes que
seguir conservando tu individualidad. ¿Te gustaría entrar con tu mujercita?
Aúpa en los brazos, en volandas sobre tus brazos como si fuera un bebé. Entras
en tu casa con tu mujercita directamente desde el mar. No notas su peso porque
eres un hombre de fuertes brazos, de impresionantes abdominales y de espalda
fuerte como un toro.
Entráis
chorreando agua salada y os ponéis a hacer el amor sobre la gran alfombra del
salón como si fuerais criaturas marinas de antes del diluvio. Tienes que
conservar tu individualidad. No puedes entregarte con los ojos cerrados a nadie
ni a nada. Tienes que seguir viviendo la tortura de tu propia vida. No importa
que ella sea una chica melancólica que se asome toda cool al morning sun, que
deje caer los fragmentos de su propia vida desde la ventana de su cuarto piso
en forma de lágrimas o en forma de una amenaza de suicidio. No te preocupes. No
se tirará. Preferirá mantener intacta su propia piel. El verano está cerca y
hay que broncearse. [Cantando al estilo de Georgie Dan: ¡El verano llegó!
¡Llegó el verano!] No olvides vivir tu propia vida. No olvides vivir tu propio
verano. No olvides mantener tu propio pellejo hidratado y bronceado. Y cuídate
del agujero de ozono. ¡Tened ojito con los ultraviolets rays! Be careful
people! Así está bien. No os despojéis de vuestros trousers, ni de vuestros
hats, ni siquiera de vuestros shoes. Y permitidme que os recomiende: No os
vendría mal unas grandes sun-glasses. Las echo de menos en vuestras orondas y
californianas faces. ¡Y vivid vuestra propia vida! ¡Acumulad vuestro propio
sol, cargaos de luz como si fuerais baterías humanas para que podáis brillar,
aunque sea con negra luz una noche cualquiera en la habitación de un solitario
hotel!
Habitación del
hotel. Ella ha dejado la habitación junto al mar. Ha abandonado su pez y se
retira a la penumbra. El sol y el pez golpean la ventana de la nueva
habitación. Gritan ondas de luz y decibelios. Pero ella prefiere ahora
abismarse en la lectura de su propio libro. Pronto pasará la hora del sol y la
ventana quedará también a oscuras. Sólo tiene ojos para su sombrero verde, sus
maletas, sus zapatos negros de tacón volcados sobre la alfombra como un coche
elegante y sólo tiene para abrigarse la ropa de su cama. ¡Felicidades baby!
¡Vive tu propia soledad! ¡Apura hasta las heces la luz negra de tu orfandad!
¡Respira por tu propia piel! Breath in, breath out! [Otra vez Georgie Dan: ¡El
verano llegó! ¡Llegó el verano!]
El verano tiene
sus propias ventanas iluminadas por la noche. Finalmente también abandonas la
habitación del hotel solitario y te vas a vivir a un apartamentito que también
se te cae encima. Derrumbada por los escombros de tu propia casa. Señor
bombero, ¿pero no ve que se me ha caído el techo encima? ¿De qué techo me está
usted hablando? ¿Es el de alguna habitación interior? No. De las interiores y
de las exteriores, ¿no lo está viendo? Hasta el techo del jardín se me habría
caído si tuviera jardín y los jardines tuvieran techo. Pues yo no veo nada de
eso señora. Le advierto que con nosotros no se juega. Somos un servicio público
de emergencias y las llamadas falsas son severamente prosecuted. Tendrá
noticias de la oficina del sheriff. Que tenga buenas noches. Ventanas de noche.
Noches de insomnio entregadas a la soledad. Angustia, angustia, angustia. Te
entretienes en ordenar cajones a las tres de la madrugada. Eres el único punto
iluminado de las doce plantas de tu edificio. Eres un blanco fácil, baby. El
misil reventará en el centro de tu apartamentito. ¡Bienvenida a la felicidad eterna! Welcome to
the never-ending happiness! Soyez vous bienvenues! Willkommen meine Damen
und Herren! ¡Disfruten de la psicodelia, disfruten de su trastorno límite,
disfruten de la destrucción!
Cada
vez que me encuentro con una ilustración de Hooper me viene a la cabeza el
suicidio. Esa luz crepuscular que se agarra al lienzo y de rebote se agarra
como un alien a mi respiración, hasta que me agota la energía que necesito para
mover los pulmones. Suicidio a través de un alien. Inexplicable. No es cierto
el cuadro Temprano en la mañana del domingo. Ese cuadro, como los demás, hablan
del atardecer del domingo. Por la mañana el domingo todavía no te pone el
regusto ácido en la boca. El atardecer del domingo: Las horas de la agonía para
el mundo civilizado. Ahora me doy cuenta de que el alien está en mí, y que
Hooper le da un chute de adrenalina a mi costa. Y el mundo civilizado soy yo
buscando lo que no puedo encontrar. ¿O sí? Bueno, a veces me despisto de mis
habituales obsesiones y tengo momentos que no son asimilables a ninguna hora
del día ni a ningún día de la semana y que valen por sí mismos. Pero es mentira.
Miento cada vez que me digo que puede haber una oportunidad para mí. Mi vida
está poblada de autómatas que buscan no sé qué en el fondo de la taza, de chop
sueys que no saben a nada por mucho que cambie de restaurante. Tengo la
sensación de que la única pelirroja que pudo cambiar mi vida pasó, y de que
ella también tiró su vida haciendo sin saberlo de modelo para un cuadro de
Hooper. Allí, detrás de las cristaleras del bar de la esquina.
martes, 29 de mayo de 2012
Relato Hiperbreve
sobre “Habitación de hotel” de Hopper
LO QUE NO SE VE. Quizá
real. La observa.Quizá
efecto del tramadol. La enfermedad devastó su vida. Su cuerpo roto,
se arquea. El Ángel Negro la acuna(150)
Se miraron. Ojos desafiantes, azules y
negros, de gris uno, de blanco el otro . Uno guiñó, luego se verían
en el bar y mas tarde quien sabe. (150)
Un par de tragos
Apuró el veneno de la copa. Se tomo
otra por si acaso. Dejó propina y una mujer que le llorase. (113)
A sueldo
Encendió un cigarillo y tiró la
cerilla al bosque, se quedó mirando. Le gustaba el trabajo, era una
pena no poder hacerlo dos veces al día. (149)
Casi.
El trapecista colgaba y extendía sus manos. Su compañero se lanzó hacia él, falló por una décima del cabello negro de una mujer de ojos verdes. (149)
Perdido
Esperaba en el coche a recoger a sus
cómplices, en la sucursal equivocada.(83)
Me quiere...
La margarita grito durante todo el
tiempo a que acabase su suplicio, tanto dolor, por una mujer a la
que él no se atrevia a hablarle. (148)
Aire
Clavó los dedos en la tierra húmeda,
lo mas dificil no era salir de la tumba, sino evitar las garras que
le tiraban de los pies. (134)
.
Y si me quieres tanto ¿por qué me
pegas e insultas, me encierras, me compras flores y ofreces
besos? ¿No era más sencillo empezar por el final? (146)
Plan
Y este es mi plan para dominaros.
-Lo sería, pero mi compañero está detrás.
-Ja,no caeré en ese truco.
-Mentí, está a tu izquierda.
¡Bang! (150)
Así se escribe
1Exagera grandes letras
2Dale la vuelta
3Lo inusual primero
4Se fiel a la directiva
5Miente mas
-¿Y la verdad?
-¿Y las facturas? (149)
Caracol expropiado
Por no poder pagar la hipoteca pedida a
cuenta de sus padres. (85)
¿Y la dignidad de los que sufren?
Fue a Suiza, pago 11.000 euros,iba con
su mujer. En su país morir por uno mismo era delito, ella iría
prisión. (148)
Probó con el mismo la poción
Cuando se puso verde, grande y
enfadado, y solo conservaba los gayumbos morados se dió cuenta que
algo habia salido mal (150)
Fue un buen día.
Salió al parque a ver a las palomas y
volvió con un palomita de la mano. (90)
Profesional
-¿Papá. si miento mucho me crecerá
la nariz?
-No, hijo mio, si te haces profesional
hasta podras sacarnos de pobre y hundir algún país. (147)
-¿Para ti, soy la única?
-Si, cariño
-Entonces ¿Cuándo me darás la cajita
que escondes, con ese picardias dos tallas más pequeño? (131)
Miau
El gato maulló más fuerte a coro con
sus compañeros toda la noche en agradecimiento por la desinteresada
pantufla que le tiraron desde la ventana (150)
Como dos gotas de agua.
¿Nunca te han dicho que eres clavado
al cura de mi pueblo, tienes los mismos ojos, cuerpo, orejas, cara, y
hasta nombre? (144)
Por si acaso.
-¿Dónde vas con
ese paraguas, en bermudas, con chaqueton y la cara cubierta de Nivea
Sun?
-He visto el
tiempo previsto. (134)
Ahora vuelvo
N. (1945- 2012)
Tu amada mujer,
hijos y parientes que nunca te olvidaran y te echaron de menos desde
que fuiste a por tabaco ese día. (148)
Por si quereis echarle un ojo y no quedan ejemplares en la biblioteca.
Y si alguien esta interesado en el Psicoanalisis del cuento de hadas y sus personajes pues nada os pongo otro libro para verlo y comprar los originales porque mola mas tenerlos en la mano jeje.
Bruno Bettelheim - Psicoanalisis de Los Cuentos de Hadas
CHAPMAN, ANA, sonrisa difícil y esplendida cuando luce, luz en los ojos grandes, rasgados y marrones, pelo ensortijado de asimétricos tirabuzones, como ella. Nada es simétrico, coge, mira, analiza y lo devuelve como algo nuevo. Su mirada. Y su desparpajo, ¡ah, amiga¡ lo llevas crudo, demasiada energía, demasiada altitud, demasiada sabiduría para ese proyecto de mujer. En el camino, no pierdas esa frescura, esa determinación y, espero, que las rebajas de amor a la que te han apuntado no te sesgue el conocer, quién te quiere y quien te ama. 3 años.
CHAPARRO, ELISA: nacida en Bonares (Huelva) en septiembre de 1898 y fallecida el 27 de junio de 1987 (89 años). Nacida para el trabajo, con el sudor de su frente. Labró el campo, sirvió en casas, heredo el matriarcado de Dª Concha, su madre, y vendió en nuestro Mercado del Carmen, juntas y a solas. Sí, era de campo andaluz. Perdió el novio en la Guerra de Marruecos. Pensó en vestir Santos, hasta que llego de hurtadillas Diego. Conjugó, con el tiempo siendo un “hombre bueno”, llegaré aquererlo. Tuvo ochohijos, de los que pervivieron cinco, tres varones y, las últimas, las dos hembras, que Diego siempreansió. Sobrevivió, esa, la nuestra, La Civil, con papas pobres, pero limpia y honra. Nunca tuvo prisa por morir, siempre había algún asunto que arreglar, e incluso un proyecto de nieto o nieta que apoyar. No sabía leer, ni escribir, su honda pena, pero sí aconsejar: “Niñas, estudiar y ser independientes, nosotras podemos vivir sin ellos, ellos no saben vivir sin nosotras”, esa era su cantinela. Ordenaba, hacia y de vueltas mandaba con bondad y osadía. Era de este siglo, del XXI antes de que naciera. Osada viajera, en burro a Sevilla, en tren o ya en coche, empedernida buscadora supo encontrar su sitio, su mundo y su hombre. Como lapidaba, siendo joven viuda, por allá a los sesenta y tres: “conocido el diablo, no más diablo”. Amo, rió, lloró, pero nunca deshizo su roete gris perla de largos cabellos, ni cambio de atuendo, negro con motivos blancos o lilas, su cara “lavá” y un rayo de luz en la mirada blanca, de ojos color indefinido, de gata, no obstante; y vivió a los cuatro vientos, tal melena despeinada. Sol, mar, aire y lluvia, a todo plantó cara y supo recoger cosecha, alguna incluso tardía: “si siembras, quizás recojas, decía”. Descanse en Paz.
Al girar la esquina vio que en el bar aún quedaba gente, y decidió que bajaría a tomar algo cuando dejara las maletas en el hotel. Al entrar en la habitación se dirigió a la ventana para descubrir, con desagrado, que no había lindas vistas sino unas oscuras y viejas ventanas, rápidamente imaginó que dentro albergaban unas vidas tan anónimas como la suya.
En el bar pidió un té que tomó pensativa, se preparaba para el reencuentro con su pasado, un pasado que no recordaba. Ensimismada, subió al hotel, deshizo la maleta y se dispuso a leer un poco antes de dormir.
Al amanecer una oleada de sol en la cara la obligó a incorporarse, se quedó un rato mirando a la nada, meditando sobre el inminente encuentro que tendría lugar en Chop Suey aquella misma mañana. Era curioso que el nombre del lugar elegido se le antojara como un presagio de lo que podría ocurrir.
Llegó el momento de enfrentarse a la razón que le había llevado hasta allí. El encuentro con una extraña, una mujer que le dio la vida y que nunca había conocido. Estaba nerviosa pero en paz, sólo quería saber por qué, pero no había reproches en su pregunta ni en su mirada, no conocía razones para ello, su infancia había transcurrido feliz.
El encuentro finalmente no tuvo consecuencias para las mujeres, aclarados los códigos del ADN y agradecidas ambas partes, las dos extrañas se volvieron a separar, el presagio de Chop Suey no había funcionado, la mezcla de sus vidas no tendría lugar.
El domingo por la mañana la ciudad estaba desierta, nadie salió a despedirla, sola llegó y sola se marchaba. Había pasado otra página en su vida y ahora sólo pensaba en el regreso a su hogar, su verdadero hogar donde cada tarde tomaba el sol con su familia, aquella familia que tanto amaba. ..................
El deseado encuentro derivó en un desencuentro.
Se preguntaba cuándo dejo de vivir esperando que su vida llegara.
CUADROS DE HOPPER.
Dejó su habítación cuando el sol entraba por una ventana. La soledad poesía sus habitaciones, el mar rielaba al fondo y el viento corría suave. Los muebles rojos le daban a aquel comedor un cierto aire de night club, esos locales tenían algo que le atraían demasiado. Había salido con prisa de su casa tenía una cita con una amiga. La luz se posaba en su masa reflectando en sus rostros un pálido reflejo que las distinguía. Había llegado tarde, encontrar ese bar era casi imposible. Las calles son lugares difíciles para ir con prisa, no había leído el cartel: Chop suey, lo encontró. Diez minutos después de que su amiga llegará a la mesa. Se sentó, puso su bolso debajo de la silla y pidió un café.
Por favor, con leche y en taza- le dijo al camarero.
Su rostro hablaba de una tranquilidad apaciguada y fingida. La noche anterior había sido muy dura, aunque ella no quisiera contar ni uno de los detalles. Al menos no, delante de su amiga. Esta la juzgaría con una severidad extrema, no le perdonaría ni uno de los detalles, ni tan siquiera le permitiría explicar qué sucedió. Por tanto, evitó hablar, aunque su deseo fuera el contrario. Sin saberlo y sin desearlo su amante furtivo estaba detrás: traje negro, corbata, sombrero, rostro sereno pero cansado. Estaba leyendo el períodico, las noticias nunca son las que se esperan, siempre se cuentan los hechos exagerados para vender un mayor número de ejemplares. Ninguna narración debe ser atendida como si fuera verdad, mas bien debe ser atendida como tal, es decir, el contar alumbra la penumbra de la soledad e ilumina el alma oscura y cerrada en si misma. Este hombre se encontraba oscuro en una esquina del bar, todo había sido una casualidad, un instante que se cruza y que aparece sin avisar. Ella jamas le contaría a su amiga lo que sucedió, pese a todo ella repetía en cada sorbo de café su furtiva noche. Todo comenzó cuando decidió salir a tomar un té a uno de esos locales nocturnos a los que sólo van gente de mal vivir. Un par de minutos después de que ella llegará, un hombre entró por la puerta del bar. Su figura le llamó la atención, era alto, traje negro, cara interesante, ojos profundos, dudosos, libro y cuaderno en mano. El se supo observado, no tuvo ninguna duda: se acercó a ella y se sentó en la mesa. Poco tiempo después ambos se levantaron de la mesa cambiaron de bar, la noche se eternizó, las palabras fueron redes interminables.
Poco antes de que sonará el despertador, el se fue de su habitación. Ella sintió una terrible culpabilidad, se dejó caer sobre la almohada para no pensar, se dejo dormir y cuando se despertó iba de camino a su cita. El desayuno seguía, aun no había terminado su café. En definitiva, no sabemos si lo soñó o si de verdad sucedió....ella lo saboreó como si hubiera sido verdad.
RELATO HIPERBREVE:
La luz llegó cuando ya no quedaban seres humanos a los que iluminar, solo quedo la soledad...
-He abierto la ventana de esta habitación ajena a mi, pero que es como una dulce melodía dentro del mundo que a partir de ahora viviré y que tanto he soñado.
Clara sentada en la cama intentaba ordenar sus pensamientos.
-Me siento liberada como si hubiera descargado una pesada losa que no me dejaba respirar. Ya esta hecho, he dado el paso de abandonarle y no me arrepiento en absoluto.
Dobló las piernas en un gesto de abrazo consigo misma y resuelta exclamó en su interior.
-Estoy deseando verla, tomar café juntas sin prisas, hablar sin
tapujos de nuestros sentimientos, mirarnos fijamente y que un escalofrío
recorra nuestro cuerpo y un cosquilleo nuestros corazones.
-o-
El bar de esquina Phillies queda justo enfrente del edificio de ladrillo rojo que se aprecia en la fotografía que el detective privado le facilitó.
Entró con aire ostentoso, miro por encima del hombro al camarero y pidió un whisky. Observó con desdén a la pareja al otro lado de la barra.
-Me pregunto si conocerán a mi mujer -pensó.
Tomó asiento, su prepotencia no le permitió salir de la duda. Aburridamente se limitó a esperar y a mirar despectivamente cada vez que bebía de la copa. Se puso a imaginar que haría el primer día que ella llegó a la ciudad con sus pesadas maletas, acostumbrada como estaba a no hacer nada sin su consentimiento.
-Me la imagino sentada al borde de la cama, haciendo oídos sordos a sus obligaciones y leyendo esa novela que últimamente devoraba y que no me cabe duda fue la culpable del cambio de nuestra vida en común. Además siempre con esa insoportable canción de Mecano a todas horas que decía algo de “mujer contra mujer...”
-o-
Mientras, en un apartamento situado justo encima del bar Phillies, un suave y cálido viento ondea un visillo de una de las ventanas entreabiertas. Estela busca la blusa rosa que ella le regaló y que sabe le encantará verle puesta.
-¡Estoy tan nerviosa! -reconoce, y piensa- al final se decidió y atrás ha dejado al insoportable de su marido. No sé cómo hemos podido vivir tanto tiempo escondiendo lo que sentimos. A partir de ahora compartiremos lo que tantas veces nos han robado.
Y recuerda aquellos días de playa cuando se conocieron, cada detalle de aquella habitación con vistas al mar.
Las tardes al sol con los demás turistas y donde las miradas cómplices pasaban desapercibidas al resto del grupo.
-Aún tengo tiempo, -se dice- cuántas veces miraré el reloj.
-Bajaré al bar a tomarme un café -sonrie al pensar que será el último que tome sola.
Justo cuando se dirige a entrar lo ve de espaldas, apoyado en la barra observando a la pareja del otro lado.
-Es él, como no distinguirlo con ese aire de superioridad y ademanes pueblerinos. No me ha visto. Menos mal que me he dado cuenta. Cómo ha llegado hasta aquí. Me tengo que ir rápido, esperarla en algún otro sitio y escabullirnos a otro lugar. No puedo consentir que la descubra.
-o-
-Esto esta empezando a cansarme, aquí no entra ni Dios, y la calle está desierta, ni un movimiento. Quién querría vivir en un sitio como éste. Nada que ver con mi mundo, con nuestro mundo. No me saco de la cabeza las carcajadas del incompetente mierda del detective cuando me negué a pagarle más dinero por su investigación, la sorna con que señalaba algo en mi cabeza y el indescriptible gesto de sus dedos, cuando me canturreó:
-Sorpresas te da la vida, la vida te da sorpresas...
Llegó huyendo. Mientras arreglaba sus maletas fue pensando en lo que dejaba atrás.
Se desnudó y se sentó en la cama. Así quería empezar: desnuda frente al mundo. Ya no quería ser una mujer florero, pero sabía que él la buscaría. La amaba. Mañana quedaría con Sue, ella le traería noticias.
Al despertar se incorporó en la cama. El sol entraba por la ventana, oía el canto de los pájaros y un delicioso olor a café y tostadas le llegaron provocantes. "Es un buen comienzo", pensó.
Fuera, los huéspedes del hotel charlaban alegremente, ajenos a la vida de su nueva compañera.
Bajó a la cafetería y pidió una tila. Era lo único que podía tomar en ese momento.
Sue llegó enseguida. Mary preguntó por su marido, casi como una autómata. Para la vida que quería llevar lo mejor era no saber, pero lo descubrió tarde. Su amiga le relató lo mal que estaba, que la necesitaba y no podía vivir sin ella.
- Piénsatelo -le dijo Sue-. No te falta nada y te adora. Cualquier mujer te envidiaría.
- Vivo en una jaula de oro. Yo también le amo, pero sólo soy parte de su vida, él no forma parte de la mía. Ni siquiera se plantea que yo pueda tener inquietudes que no sean seguirle a él.
- Y, ¿qué vas a hacer sin él? ¿De qué vas a vivir?
- No lo sé y eso me aterra.
- Vuelve Es lo mejor.
- Necesito tiempo para pensarlo -dijo saliendo del local, sin querer oir más.
Se volvió para mirar el edificio. Qué distinto se veía todo a la luz del día. Y qué mal se sentía ella.
Aquella noche, sentada en el bar de verano, ante un amargo café bien caliente, nada apropiado para su estado, meditó su situación y hasta dónde estaría dispuesta a llegar. "No muy lejos", pensó.
Se volvió al hotel y se acostó, aunque no pudo dormir. No mucho.
Al día siguiente la decisión estaba tomada.
Aquella habitación que la acogió el día anterior quedó vacía. Como ella.
SOYER,
Alicia: (29/2/1913-13/2/1999).
Escritora. De falda larga y camiseta corta. Ocultaba sus ojos azules tras unas
oscuras gafas de sol en los que sólo se le veía un cristal, cubierto el otro
por su cuidada y larga melena. Mujer independiente, indiferente. Una freelance
que podía tomar las riendas de su vida cuándo y como quería. Característica por
su imagen y sus escritos críticos con la sociedad. Leída por sus admiradores y
detractores. Sus títulos nunca daban idea de la narración y nuca ponía un breve
resumen del tema, por lo que siempre creaba una curiosidad sólo satisfecha si
se leía la obra. La más vendida durante tres años consecutivos (1943-1945) fue
“Yo lo vi primero” en la que hablaba del abandono canino. Durante toda su vida
trabajó con un seudónimo que, como ella decía: “Elegí nombre de reina y
apellido de confitería: Leonor Ruiz”.
En un viejo hotel destartalado de
paredes rojas y doradas al sol, una habitación, de apenas unas pocas
monedas y algún billete pequeño, se destaca por tener subida la
persiana.
En ella una mujer en camisón contempla el vacío de la
ciudad en verano.
Recordaba como eran los viejos
tiempos, cuando se reunía con sus amigos. Los días calurosos cuando
tomaban juntos el sol y Miguel leía su libro ajenos a todos mientras
los demás y ella misma contemplaban mares de oro de cebada con un
fondo de roca viva madre arrascando los cielos.
Ahora en la ciudad, sola, sentada en su
cama, nada brillaba salvo sus recuerdos.
La barra de un bar, donde antes tomase
sus copas nocturnas y calurosas junto a Miguel...
...(suspiro)
...eran ahora solitarias
veladas de café mojado de recuerdos en una noche insomne.
Quedó con María, una de las últimas
del grupo que se marchaba en pos de una vida en el nuevo mundo, donde
quizás campos dorados y montañas de oro les esperasen si se
atrevían a tomarlos entre sus manos.
María también se marcho a principios
de otoño, estaba embarazada de Miguel. Eva se sentía dolida y
traicionada, ellos se tenían el uno al otro, con un futuro y un bebé
en camino, ella había rechazado a Miguel hacía ya unos meses y fue
María de quien se enamoró y le consoló.
Qué tenía ella salvo sueños de
juventud, sus álbumes y un trabajo de camarera en Phillies, el bar
nocturno que tanto visitaron. Se sobrepuso como pudo disimuló una
sonrisa y le deseo lo mejor, a su amiga y a Miguel, ambas se
despidieron entre lágrimas en la puerta del bar.
Esa tarde un años después Eva miraba
su álbum de fotos, todos eran jóvenes, los tenía en todos sus
viajes, con sus bromas y caras locas. Habían sido sus mejores
momentos, puso algo de música de Billie Holliday, su favorita, había
comprado el disco para una ocasión así, abrió la ventana y el
calor en la habitación disminuyó un poco, cogió el vodka y tomó
unas cuantas copas más a salud de todos ellos y sus tiempos dorados.
De fondo sonaban los compases de
Gloomy Sunday de la Holliday:
Lúgubre domingo,horas de insonmio.Mis queridísimas sombras,Vivo con ellas, incontables,Pequeñas flores blancas,nunca te despertarán.No donde los vagones negros yla pena, te haya atrapado.Los ángeles,no pretenden salvarte.No se enfadarían,si pienso en unirme a ti.Lúgubre domingo,el domingo es lúgubre.Con sombras es cómo paso el día,Mi corazón y yohemos decidido acabar con todo esto.Pronto habrá velasy oraciones que sean recitadas, lo sé.Pero déjales que no lloren.Déjales saber que estoy orgullosa de irmeLa muerte no es soñar.En la muerte te estoy acariciandocon el último respiro de mi alma.Estaré bendiciéndotecon el último respiro de mi corazón.Lúgubre domingo.Soñando, soñando, que sólo estaba soñandoMe desperté y estabas dormido.En lo más profundo de mi corazón, aquí.Querido, espero,que mi sueño nunca te persiga.Mi corazón te está diciendoCuanto te quieroLúgubre domingo.
El disco repetía una y otra vez la canción. El agente Marquez,
levantó la pinza del disco y lo silenció.
Miró el escenario, agitó
la cabeza y vio en el suelo un álbum abierto mostraba a un grupo de
chicos tomando el sol en un campo de oro.
En el hospital, Eva toda escayolada iba
recibiendo a las visitas, de su familia, compañeros de trabajo y
algunos vecinos.
No puedo por mas que alegrarse de que
llegasen todos, algunos con un niño en los brazos y sonrisas por ver
a su amiga.
-Era una suerte que el Phillies tuviese
el toldo esa noche-dijo María-te presento a mi pequeña, se llama
como tú, asique no vuelvas a hacer más la tonta y ven con nosotros.
Juntamos esto para ti, nos sobra el espacio y alli todos tienen una oportunidad, Eva.
María sorprendida y con lagrimas en los ojos, los veia algo mayores, con sus flamantes trajes y su mirada de preocupación por ella. Un nudo en la garganta le callaba los labios.
Mientras Carlos el chistoso del grupo, quien siempre tenia una sonrisa para todos o una mueca, ahora era un señor banquero pelirojo con entradas, casado con la dulce Julia, la cantante del karaoke y fiestera rubia quien sacara a todos a bailar antes.
Eran ellos y ya no lo eran, tan serios y en su sitio pero en sus ojos, eran los mismos y ahora Julia y Carlos apretaban suavemente las manos de Maria como lo hicieran años atrás antes de saltar juntos del muelle al agua en verano.
Miguel algo nervioso pero feliz le dio
un pasaje de barco a Eva, era de primera clase, para California. Su
suerte había cambiado, por fin volverían a estar todos juntos de
nuevo como en sus álbumes repletos de recuerdos.